ORDEN ECUESTRE DEL
SANTO SEPULCRO DE JERUSALEN
 

HISTORIA DE LA ORDEN (*)

- I -

La peregrinación a Jerusalén para rezar ante el Santo Sepulcro fue un objetivo desde los primeros tiempos de la difusión del Evangelio, pese a las dificultades opuestas por las épocas, con la tolerancia de los árabes que por último se dominaron la ciudad.

De aquí que se comprenda que al llegar a Europa la noticia de la caída de Jerusalén en poder de los turcos selyúcidas, conmovió a sus habitantes, ya que aquel lugar fue a partir de ese hecho, vedado a la veneración de los fieles. No pasó mucho tiempo sin que el Papa Urbano II convocase a todos los Estados para marchar con el fin de recuperar el lugar más emblemático de la Cristiandad, bajo el clamor surgido como compromiso y grito de guerra: - ¡Dios lo quiere!

Tomada por asalto la ciudad de Jerusalén por los cruzados (15 de julio de 1099), su caudillo Godofredo de Bouillon, duque de Lorena, se negó a convertirse en monarca donde había transcurrido la existencia terrena del Rey de Reyes, y adoptó el título de Barón Defensor del Santo Sepulcro. Los lugares más importantes de la capital del nuevo Reino Latino de Oriente fueron confiados a varias cofradías de monjes, que se rodearon de guerreros para su custodia: la del Templo de Salomón, la del Hospital de San Juan, y más tarde la del hospital de Santa María de los Alemanes. En cuanto al sitio que había dado origen a la conquista de la ciudad-, escribió el cronista contemporáneo Guillermo de Tiro, Arzobispo de esta ciudad en 1174: “Después de tomar Godofredo posesión del Reino, instituyó en la iglesia del Santo Sepulcro unos canónigos con unas Compañías de caballeros para que con ellos tuvieran el honor de guardar la tumba de Cristo”.

Respecto a la cofradía del Santo Sepulcro, al principio se integró con veinte canónigos, pero las ofrendas y privilegios que comenzaron a recibirse hizo crecer su importancia. En su sede se realizaban las más importantes ceremonias del Reino Latino de Oriente, como las coronaciones y entierro de sus soberanos, durante el siglo en que se mantuvo. Quienes formaron sucesivamente en la Ordo Canonicus Custodum Sancti Sepulcri no fueron sólo monjes, sino también los caballeros vinculados con ella para defender dicho lugar, temporaria o permanentemente, por estar sujetos a los “cánones” de la comunidad agustiniana. De tal modo, dentro del Capítulo se contaban por igual frates y milites, que dependían ambos del Patriarca de Tierra Santa, para cuya elección los canónigos del Santo Sepulcro tenían el privilegio de participar con dos candidatos. Cabe acotar que cuando volvieron a emprenderse operaciones militares contra los musulmanes, la carencia de hombres en la lucha autorizó a los monjes a empuñar las armas, costumbre que se mantuvo durante la Edad Media.

La falta de documentos de época tras la reconquista de Jerusalén y de Acre por las tropas del Islam, y el hecho de que los canónigos del Santo Sepulcro cuando se establecieron en Europa no mantuvieron una estructura unitaria –a diferencia de la organización que se dieron las Ordenes del Templo y del Hospital-, no ha permitido respaldar con piezas manuscritas las versiones de los cronistas de entonces, que difundieron su participación en la guerra contra los infieles. Pero no cuesta imaginar que dicha comunidad contara con el aparato militar necesario para la custodia y ceremonial en tan importante santuario. De todos modos, en 1692 se publicó en París un estatuto que habría sido otorgado por el Rey Balduino I de Jerusalén (hermano de Godofredo) en 1103, manifestando al darle organizacion: ”Hemos examinado y decretado fundar la Orden del Santo Sepulcro de nuestra ciudad de Jerusalén, en honor y reverencia de la Santísima Resurrección, y hemos querido que las citadas Cruces rojas en honor de las llagas infringidas a Nuestro Señor Jesucristo, fuesen ostentadas por los caballeros de dicha Orden, para que pudiesen ser reconocidos por nosotros y por los infieles en el caso de que se dispersasen o se viesen imposibilitados para permanece al servicio del Ejército”. Estos caballeros y otros constituyeron la Militia Sancti Sepulchri que batalló en defensa del Reino Latino de Ultramar; y varios autores antiguos mencionan la participación de los monjes-guerreros de esta confraternidad: “en el combate de Ramlah en 1101 sucumbieron caballeros religiosos del Santo Sepulcro”, afirma Orderic Vital; y también lucharon en la batalla de Betsam y en el sitio de Ascalón acompañando a su Patriarca y al Rey Amalarico (1113).

Una circunstancia insólita que demuestra la difusión lejana que había alcanzado la existencia de las tres comunidades más destacadas de la Ciudad Santa, lo da el hecho de que el Rey Alfonso I el Batallador de Aragón dispuso por testamento redactado en 1131, al carecer de hijos: “Todo mi Reino, toda mi tierra, cuanto poseo y heredé de mis antecesores y cuanto he adquirido, y en lo sucesivo con el auxilio de Dios adquiriese, todo sea para el Sepulcro de Cristo, y el Hospital de los pobres, y el Templo del Señor”. Esta curiosa disposición se conserva original en el Archivo Histórico Nacional de la Corona de Aragón; pero debe aclararse que no fue cumplida porque asumió el trono su hermano Ramiro II, y el yerno de éste, el conde de Barcelona (luego Berenguer III) transó con el Patriarca de Jerusalén (1141) compensando a la cofradía del Santo Sepulcro con numerosas donaciones.

Perdido el Reino de Tierra Santa, el destino de las cofradías caballerescas allí nacidas fue diferente. La del Templo (1120), luego de Chipre, se instaló en Francia y fue disuelta por el Papa Clemente V en 1311 por presiones del monarca francés Felipe el Hermoso. La del Hospital de San Juan (1145) pasó a la isla de Rodas, donde permaneció combatiendo contra el Islam hasta 1523, en que se radicaron en Malta, de donde tomaron el nombre con que es conocida en la actualidad. Los Caballeros Teutónicos fueron a Prusia Oriental hasta su desaparición en el siglo XV. En 1146 se había fundado en Calatayud (Península Hispana) la casa matriz de la Orden del Santo Sepulcro de conformidad con el acuerdo arribado con la Corona de Aragón ya mencionado; y en 1155 se estableció en Castilla por concesión del Rey Alfonso VII el Emperador. En Segovia se conserva la iglesia de la Vera Cruz dedicada en 1246 “a la iglesia del Santo Sepulcro”, según reza una inscripción en latín en su frente, que erróneamente es atribuida a los templarios.

Como se dijo antes, si templarios y hospitalarios se organizaron con el carácter de Ordenes de tipo centralizadas, no ocurrió lo mismo con los canónigos y caballeros del Santo Sepulcro. No obstante, muchos de sus integrantes, al retornar a Europa, prosiguieron su lucha contra el Islam en España, haciéndose conocer, lo que se comprueba con un par de documentos de mediados del siglo XIII que se conservan en el Archivo Vaticano (Registro 32). El primero de estos, del año 1265, es un informe del papa Clemente IV al Arzobispo de Sevilla por el cual le comunica que ha acordado indulgencias a quienes hiciera la cruzada contra los musulmanes en la Peninsula y en África, o dieran limosna con este fin, especialmente a los Templarios, Hospitalarios, Teutónicos o freires de la Orden del Santo Sepulcro y de Santiago. Mediante el segundo, de 1267, el Sumo Pontífice felicita al Arzobispo de Toledo por haber tomado la Cruz contra los musulmanes, y otorga otras indulgencias a quienes lo acompañaban, especialmente a los caballeros del Templo, Hospital, Santo Sepulcro, Santiago y Calatrava.

Y así como en Aragón se fundó en Calatayud el convento que fue sede matriz de Cataluña –que obtuvo grandes prebendas y alcanzó gran expansión en villas y solares-, de igual modo se crearon otros Prioratos del Santo Sepulcro en la península itálica (Peruggia) y en Polonia (Miechow).

Resulta pertinente precisar que sólo los nobles eran reconocidos como caballeros, y el requisito subsistió a través de los siglos, continuándose hasta el presente con las probanzas requeridas, en los paises donde se conserva el régimen monárquico.

En 1489 una bula del Papa Inocencio VIII pretendió suprimir a los canónigos del Santo Sepulcro e incorporar sus bienes a la Orden del Hospital –según se dispusiera poco antes con las propiedades de los templarios-, para compensarla por las pérdidas sufridas durante la defensa de la isla de Rodas contra los turcos: pero esta determinación solo se logró en Peruggia, pues tanto por el Rey Fernando el Católico en Aragón como también en Francia resistieron dicha bula, no prosperando tampoco entre los Caballeros residentes en Polonia, Alemania, Hungría y Bohemia. No obstante el Maestre de la Orden Hospitalaria agregó a su título “et Militaris Ordinis S. Sepulcri”. De su parte el mismo Rey Fernando reclamó esta última jerarquía, pero al serle denegada, confirmó a Calatayud como casa matriz de la Orden en Aragón.

Aquella “bula de unión” fue revocada por el nuevo Pontífice Alejandro VI en 1496, dando autonomía renovada a la Orden del Santo Sepulcro. De dos años después data su nueva organización, como entidad sujeta al control directo de la Silla Apostólica.

En virtud de lo establecido, se reiteró la delegación al Padre Guardián del Santo Sepulcro (franciscano) –por falta de Patriarca en Tierra Santa- para conceder a los nobles que pidieran su admisión como Caballeros de la Orden en Jerusalén, comprometiéndolos a auxiliar al príncipe cristiano que intentase recuperarla. El Papa Clemente VII lo ratificaba en 1527: ...”approbat consuetudinem facendi milites in Sancto Sepulcro per guardianum Montis Sion”. En el archivo histórico del convento franciscano de San Salvador en Jerusalén se conserva la nómina de dichos caballeros, desde 1561 hasta el año 1848, con sus nacionalidades, la fecha de su investidura, y las autoridades que presidieron las respectivas ceremonias (la anterior se perdió en 1552 al ser expulsados los Padres Franciscanos de su sede en Monte Sion por los musulmanes), cuyo ritual fue publicado en 1580 y se conserva en los archivos de Loiret. El celebre escritor Vizconde Rene de Chateaubriand ha dejado minuciosamente relatado ese acto, en el que participo en 1806. Los privilegios que aparejaba el cruzamiento se imprimieron en Roma en 1553.

El aumento de Caballeros del Santo Sepulcro en Flandes movió a varios españoles y belgas congregados en la iglesia de Santa Catalina en la villa de Hochstraten, Diócesis de Cambrai, el 26 de marzo de 1558, a proclamar Gran Maestre de la Orden al Rey Felipe II (cuya acta original se conserva en el Archivo de Simancas), y aunque el monarca lo aceptó, no fue aprobado por los Pontífices Paulo IV ni su sucesor Pío IV, por resultar opuesto a lo resuelto por el Papa Alejandro VI, quien había reservado su Maestrazgo para la Silla Apostólica.

-II-

En el año 1847 fue celebrado un concordato entre la Santa Sede y Turquía, cuyo Imperio ejercía el dominio de Palestina., a raíz del cual se restableció el Patriarcado Latino de Jerusalén. Esto significó una reforma para la Orden del Santo Sepulcro, pues el Papa Pío IX revocó por la bula Nula celebrior la autorización otorgada a los guardianes franciscanos para armar Caballeros de ella, disponiendo que fuese como en las primeras épocas, función del titular de aquel: “Que permanezcan igualmente en su vigor todas las cosas que han sido sancionadas antes acerca de los Caballeros del Santísimo Sepulcro, y que diligentemente se han de observar. Está decretado que pertenece primitivamente al Patriarca el conferir esta Orden; pero ha de usar de dicha facultad a favor tan sólo de los que brillen por la integridad de su vida, sean beneméritos de la Religión, y reúnan las demás condiciones que se exigen para poder alcanzar semejante honor”. La misma instrucción al Patriarcado Latino prescribía “que permanezcan igualmente en su vigor todas las cosas que han sido sancionadas antes acerca de los Caballeros del Santísimo Sepulcro, y que diligentemente se han de observar”.

En 1871 el Patriarca monseñor Valerga inició la incorporación de Damas a la Orden, siendo la primera la Condesa inglesa Mary Francis Lommax, como reconocimiento a la importante labor desarrollada, y el Papa León XIII confirmó esta modalidad mediante la letra apostólica Venerabilis frater en 1888. La cantidad de caballeros y damas creados por los respectivos Patriarcas hasta la reforma de 1949 (mediante la cual el Papa Pío XII dispuso que el ingreso a la Orden del Santo Sepulcro sería resuelto en el Vaticano), es la que sigue: monseñor Valerga (1848-72) 1.417 caballeros y 1 dama; monseñor Bracco (1873-89) 1.116 caballeros y 100 damas; monseñor Piavi (1889-1905) 1.053 caballeros y 166 damas; monseñor Camassei (1907-19) 825 caballeros y 85 damas); monseñor Barlassina (1920-47) 3.114 caballeros y 177 damas.

Fue Pío X quien en 1907, mediante la letra apostólica Quam multa sapienter –reafirmando el breve Cum multa sapienter del año 1868- estableció el estatuto moderno de la Orden, asumiendo el título de Gran Maestre que tradicionalmente usaban los Patriarcas de Jerusalén, para evitar cualquier oposición a sus mandatos, y aquellos adquirieron la función de Bailíos. Al año siguiente se confirió a los caballeros del Santo Sepulcro el privilegio de disponer de un lugar preferente en la capilla papal de la Basílica Vaticana, y se agregó a su medalla un trofeo militar recordatorio de las Cruzadas surmontando las quíntuples cruces de su emblema.


- III -

La Orden del Santo Sepulcro ya contaba con diversos Capítulos en varias Naciones, remontándose el de la República Argentina al año 1888, como en el capítulo “La Orden en la Argentina” se volverá a puntualizar. En algunos países existe mas de una Lugartenencia, debido a los numerosos miembros que en ellos existen.

La Primera Guerra Mundial causó perjuicios al desarrollo de la Orden, por cuanto Jerusalén sólo pudo ser visitada por alemanes y austríacos, aliados de Turquía –con soberanía sobre Palestina-, de cuyas nacionalidades nutriéronse sus componentes. Ello se refleja en la disminución de caballeros y damas que se expuso líneas atrás. Esta situación fue revertida cuando la Ciudad Santa fue conquistada por las tropas británicas. Luego, para contrarrestar la difusión del protestantismo, el Patriarca Latino fundó la Obra para la Preservación de la Fe, que el Papa Benedicto XV confió a la Orden del Santo Sepulcro en 1920, lo que confirmó Pío XII en 1949.

En 1930 se suscitó una controversia de protocolo entre las Ordenes de Malta y del Santo Sepulcro, que fue dirimida por el Papa Pío XI a través del Acta Apostolicae Sedis luego del dictamen producido por una comisión de Cardenales. Las principales disposiciones fueron: 1) La primera llevará el nombre de Soberana Orden Militar de Malta y la segunda Orden Ecuestre del Santo Sepulcro; 2) el Patriarca Latino de Jerusalén será Rector y Administrador de esta última Orden, sin poder usar el título de Gran Maestre, pero continuando invistiendo Caballeros con la visa de la Cancillería Vaticana; 3) los representantes nacionales del Santo Sepulcro serían denominados Lugartenientes en vez de Bailíos como hasta entonces.

Luego de la Segunda Guerra Mundial la Orden quedó gravemente desorganizada, sobre todo por el fallecimiento del Patriarca de Jerusalén, vacante no cubierta durante dos años. Ello movió a que en 1945 se decidiera la traslación de su sede central a Roma, en el monasterio anexo a la iglesia de San Onofre al Gianícolo; y posteriormente (1949) el otorgamiento de un nuevo Estatuto por el breve apostólico Quam Romani Pontifices, mediante el cual el Patriarca Latino de Jerusalén dejó de tener la facultad de designar Caballeros y Damas, convirtiéndose en Gran Prior sin funciones de dirección y administración. Desde entonces el Gran Maestre lo será un Cardenal desde el Vaticano, nombrado por el Sumo Pontífice y Jefe Supremo de la Orden, contando con la asistencia de un Gran Magisterio, un Lugarteniente General y un Gobernador General, todos laicos.

Esta es la estructura que se mantiene hasta hoy, rigiéndose las actividades de la Orden desde sus oficinas en el palacio construido entre 1478-90 por el cardenal Domenico della Rovere, situado a escasa distancia de la basílica de San Pedro, cedido por el Papa Pío XII. El postrer Estatuto de la Orden del Santo Sepulcro data del año 1977, en que fuera aprobado por Su Santidad Pablo VI, y que es objeto de examen en nuestros días, a fin de introducirle algunas reformas.

Las Ordenes del Santo Sepulcro y de Malta son las únicas que provienen de la época de las Cruzadas. Dedicada esta última a una eficaz tarea hospitalaria por todo el mundo, la del Santo Sepulcro es la única que mantiene su estrecho ligamen con Tierra Santa, a través de la asistencia a la obra que realiza la Iglesia Católica en el Estado de Israel y en el Reino de Jordania (la antigua Palestina). A los caballeros y damas integrantes de ella les está vedado pertenecer a pretendidas corporaciones de creación personal que se arrogan la condición de “Ordenes”, sin serlo, por no haber sido reconocidas como tales por la Iglesia Católica, salvo las establecidas por Estados soberanos o por Dinastías reales.

URBANO II

* Extraido de la publicación de Isidoro J. Ruiz Moreno "La Orden Ecuestre del Santo Sepulcro - Noticia Historica e Institucional" .ED. por Lugartenencia de Argentina (en publicación)

LUGARTENENCIA de ARGENTINA